lunes, 17 de octubre de 2016

Recordar cuando fuimos niños y niñas

Extrañar la infancia ahora siendo adultos  puede ocurrir al mirar hacia atrás y dejarnos llevar por los recuerdos, incluso en el presente al observar a sus hijos e hijas sonriendo, disfrutando de la vida con la felicidad a flor de piel. Mientras leen estas lineas les invito a cerrar los ojos por unos segundos y dejarse llevar por aquellas buenas experiencias de infancia que sin dudar dibujan en este instante sonrisas de nostalgia.

Recordar vivir sin preocupaciones, tener inmensos deseos de ser mayor, jugar y jugar horas sin darnos cuenta que ya esta por esconderse el sol, sentir el viento acariciando nuestro rostro, casi saborear el sabor de postres que hacia la abuelita o algún familiar querido que siempre nos regaloneaba con caricias, canciones, juegos, comidas deliciosas, amigos de juegos eternos, sueños, personas significativas en la infancia, lugares donde parecía no existir el tiempo de aburrimiento porque con tan solo la imaginación fluía la magia de entretenidas aventuras, en fin tantos recuerdos guardan con cariño nuestra memoria, pues son instantes felices de cuando fuimos niñas y niños.


Mirar hacia los recuerdos de cuando fuimos niños y niñas marca una instancia de reflexión sobre como la infancia es una etapa de  vida en el ser humano tan hermosa, ya que se siente una  energía única que podríamos decir que  irradia luz,  y ahora mismo los párvulos con los cuales viven y conviven día tras día están deseosos de compartir con ustedes esa luz de amor y felicidad.


Colaboremos en que ellos al crecer guarden como un gran tesoro las experiencias vividas con ustedes porque al crecer lamentablemente se va disminuyendo esa energía luminosa de la infancia y los recuerdos son tesoros de felicidad que no podemos dejar de vivir y esperar que solo se vuelvan recuerdos, les invito que  no perdamos eso que como niños y niñas tuvimos, que es la curiosidad, sueños, risas, carisma, deseos de conocer el mundo que nos rodea, entre muchos mas.


Abracen a los niños y niñas con sus brazos y sobre todo con el alma, para así contagiarse de su energía tan pura y llena de luz. 


Cuando eramos niños. Francisco J. Ortega

Cuando éramos niños
jugábamos a las canicas,
y en la mojada tierra
echábamos la lima.
Y si todo nos aburría...
a cazar lagartijas, 
que siempre había alguno
que experimentos hacía.
En verano siempre en la calle,
no había ordenadores,
no había videoconsolas,
pasábamos el rato
jugando a la peonza.
Las niñas en su grupo
 saltaban a la comba:

"al pasar la barca
me dijo el barquero..."
Y cuando nos juntábamos
los niños y las niñas
a saltar a la rayuela,
o a jugar a verdad o reto,
a ver si algún día
te tocaba la prueba
de besar en la mejilla
a la niña que querías.
"Un dos tres piedra
papel y tijera"
llenábamos la vida
de juegos infantiles,
prendidos de la inocencia
de aquellos días felices.
"Churro mediamanga
mangotero,
adivina lo que tengo
en el puchero"
a nada teníamos miedo,
si nos hacíamos heridas,
nos regañaba nuestra madre
y nos ponía mercromina.
La calle, campo de batalla,
jugábamos en la acera,
o al fútbol en la calzada,
donde tráfico no había,
donde cuatro coches pasaban,
o hacíamos de portería,
del vecino, la persiana,
cuando se cansaba del ruido
se asomaba a la ventana,
a decirte :"¡venga niño,
vete con la pelota a casa!"
Y los domingos a mediodía,
después de la comida,
la calle quedaba desierta,
de los niños se escondía,
cuando el Mazinger Z,
"¡puños fuera!¡planeador abajo!"
por la tele emitían,
o si daban Heidi o Marco,
que nuestros ojos encendían.
Eran tiempos felices,
no teníamos casi nada,
sólo el valor y la amistad
que la calle te entregaba,
y un baño de libertad

que inundaba nuestras almas.








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